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martes, 25 de julio de 2017

Una foto llena de optimismo y frescura


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Himmler en los toros


Hoy no voy a escribir mucho, porque prefiero que veáis dos vídeos. Dos vídeos que unidos al crecimiento fabuloso (y amenazante) del Coloso de Asia os mostrarán el núcleo de mis preocupaciones acerca del futuro:



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Un cura que vive en permanente estado de cabreo. ¿Seré yo, maestro?

Pues a lo mejor. Porque varios comentaristas y otros por mail me dicen que mi problema es que soy un cura amargado, empeñado en ver siempre el vaso medio vacío. La consecuencia, parece ser, es haberme convertido, dicen, en un señor serio, sin pizca de sentido del humor y que vive en un estado de cabreo permanente.

La verdad es que lo único que me faltaba para sumirme en la más tenebrosa de las depresiones y el más monumental de los cabreos ha sido el desplante de Higinio Fernández. Tras eso ¿cómo no voy a estar como estoy, con el humor perdido y el vinagre rebosando mis vísceras? ¿Cómo superar mi permanente cara de pepinillo en vinagre si ya hasta Higinio me desprecia?

Doy la razón en que las cosas en nuestra querida Iglesia no están para carcajadas. Todo lo contrario, están para reír, lamentarse, rasgado de vestiduras y acopio de sayal y ceniza.

El humor, y especialmente el buen humor, es una cosa muy seria. Una cosa es andar contando chistes y con una permanente sonrisa, y otra tener sentido del humor. Por cierto, no se fíen en jamás de los jamases, de una persona que siempre sonríe.

El problema que arrastro no es el de seriedad, sino que uno se encuentra cada vez más con gente que ha perdido del todo el más elemental sentido de la ironía. En esto los progres son modelo. Son tan suyos, tan subidos, que lo que peor llevan es que no te los tomes en serio. Si quieren cabrear a un progre no le anden con argumentos, simplemente no se lo tomen en serio. Se ponen de los nervios. Lo verán mil veces en los comentarios del blog. Te tomas una cosa a medio chifla y ya te salen con la caridad, el no juzgar y la descalificación.

No es casualidad que los más grandes humoristas españoles sean prácticamente todos de talente conservador. Un progre todo se lo toma en serio.

Hay cosas que evidentemente son muy serias y con ellas no se juega: el catecismo, la liturgia, el dogma, la moral católica. Con otras, como pueden ser algunas frases del papa, algunas obispadas, curadas o teologadas, de estas varias, no te queda más remedio que tomarlas en broma, aunque la forma sea seria. Ante un Señor que dice que hace tal cosa porque Jesus es lo que haría, no puedes argumentar. Simplemente le pides el teléfono para cuando necesites preguntar algo a Nuestro Señor.  El problema es que, en vez de ser generosos y darlo, que todos tenemos derecho, encima se enfadan. No lo entiendo.

Tampoco pienso debatir con alguien que tiene como principal y única línea de argumentación que no sabemos lo que decía Jesús porque no había grabadoras, y que Jesús nunca utilizó vestidos especiales. Lo más que se me ocurre responder es que Jesús tampoco tenía nómina, pero que no conozco a un solo cura que no cobre. En una ocasión a un cura que me preguntó que dónde estaba en el evangelio lo de sentarse a confesar, le contesté que a continuación de donde explica lo de cobrar a fin de mes. Se cabreó. Y luego el que no tiene sentido del humor soy yo.

Humor mucho. ¿Cabreos? Cada vez menos, que vengo del cardiólogo y me tiene dicho que de disgustos nada. Precisamente por eso me tomo las cosas con buen humor. Las más tristes.  Aunque algunos no lo vean. 

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La liturgia diaria meditada - Salió el sembrador a sembrar (Mt 13,1-9) 26/07


Miércoles 26 de Julio de 2017
Santos Joaquín y Ana, padres de santa María, Virgen
(MO). Blanco.

Los evangelios canónicos no nos brindan ningún dato sobre los abuelos maternos de Jesús. La tradición cristiana los presenta como dos ancianos estériles, que piden a Dios la gracia de un hijo. Su fiesta nos hace tener presente toda la realidad humana de Jesús, que creció en una familia y que, de niño, recibió el cuidado y la ternura de sus abuelos. Una tradición muy difundida entre los siglos XVII y XVIII muestra a santa Ana como maestra, instruyendo en las verdades de la fe a la Virgen María.

Antífona de entrada         cf. Ecli 44, 1. 25
Alabemos a san Joaquín y santa Ana, porque en su descendencia, el Señor Dios les concedió la bendición para todos los pueblos.

Oración colecta    
Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y santa Ana la gracia que de ellos naciera María, la madre de tu Hijo encarnado; otórganos, por sus ruegos, alcanzar la salvación prometida a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo...

Oración sobre las ofrendas       
Recibe, Señor, los dones que te presentamos y concédenos participar de la bendición prometida a Abraham y a su descendencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      cf. Sal 23, 5
Recibieron la bendición del Señor, y la misericordia de Dios, su salvador.

Oración después de la comunión
Dios y Padre, tú has querido que tu Hijo unigénito se hiciera hombre en la tierra para que, por este admirable misterio, los hombres renacieran de ti; te pedimos que seamos santificados con el espíritu de adopción quienes fuimos alimentados con el pan de los hijos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Éx 16, 1-5. 9-15
Lectura del libro del Éxodo.
Los israelitas partieron de Elím, y el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elím y el Sinaí. En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. “Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea”. Entonces el Señor dijo a Moisés: “Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. El sexto día de la semana, cuando preparen lo que hayan juntado, tendrán el doble de lo que recojan cada día”. Moisés dijo a Aarón: “Da esta orden a toda la comunidad de los israelitas: ‘Preséntense ante el Señor, porque él ha escuchado sus protestas’”. Mientras Aarón les estaba hablando, ellos volvieron su mirada hacia el desierto, y la gloria del Señor se apareció en la nube. Y el Señor dijo a Moisés: “Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: ‘A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios’”. Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: “¿Qué es esto?”. Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: “Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento”.
Palabra de Dios.

Comentario
“Pasamos muchas horas de nuestros días preocupados por el sustento material. Tanto, que a veces pareciera que creemos que es el único sustento necesario. Deberíamos preguntarnos entonces sobre nuestra sensación de saciedad. ¿Sólo la comida nos sacia? ¿Conocemos acaso gente ‘llena’ de comida, que no se siente satisfecha? Es tiempo de interrogarnos sobre todo lo que nos alimenta, que no es necesariamente comida. Cuánto recibimos y cuánto damos”.

Sal 77, 18-19. 23-28
R. El Señor les dio un alimento celestial.

Los israelitas tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo comida a su antojo. Hablaron contra Dios, diciendo: “¿Acaso tiene Dios poder suficiente para preparar una mesa en el desierto?”. R.

Entonces mandó a las nubes en lo alto y abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos el maná, les dio como alimento un trigo celestial. R.

Todos comieron un pan de ángeles, les dio comida hasta saciarlos. Hizo soplar desde el cielo el viento del este, atrajo con su poder el viento del sur. R.

Hizo llover sobre ellos carne como polvo y pájaros como arena del mar: los dejó caer en medio del campamento, alrededor de sus carpas. R.

Aleluya       
Aleluya. La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; el que lo encuentra permanece para siempre. Aleluya.

Evangelio     Mt 13, 1-9
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”.
Palabra del Señor.

Comentario
“El que tenga oídos, que oiga”. Las parábolas, si bien recurren a experiencias conocidas y sencillas, tienen un mensaje que requiere ser escuchado con algo más que los oídos. Hace falta entrar en la sintonía de la predicación de Jesús, para llegar a ver en estos actos tan prosaicos y rutinarios, la realidad del Reino de Dios que está creciendo.

Oración introductoria

Gracias, Señor, por este tiempo de oración, ayúdame a ser una buena tierra para aprovechar bien esta contemplación. Incrementa mi fe para que pueda descubrirte en lo ordinario de este día. Aumenta mi esperanza para que pueda confiar en Ti siempre. Ensancha mi amor para serte fiel en los detalles más pequeños que hoy pongas en mi camino.

Petición

Señor, concédeme vivir unido a Ti, para dar muchos frutos para la misión.

Meditación 

Hoy, Jesús —en la pluma de Mateo— comienza a introducirnos en los misterios del Reino, a través de esta forma tan característica de presentarnos su dinámica por medio de parábolas.

La semilla es la palabra proclamada, y el sembrador es Él mismo. Éste no busca sembrar en el mejor de los terrenos para asegurarse la mejor de las cosechas. Él ha venido para que todos «tengan vida y la tenga en abundancia» (Jn 10,10). Por eso, no escatima en desparramar puñados generosos de semillas, sea «a lo largo del camino» (Mt 13,4), como en «el pedregal» (v. 5), o «entre abrojos» (v. 7), y finalmente «en tierra buena» (v. 8). 

Así, las semillas arrojadas por generosos puños producen el porcentaje de rendimiento que las posibilidades les permiten. Tú estás habituado a escucharla, tal vez a leerla, y quizá a meditarla. Según la profundidad de tu audición en la fe, será la posibilidad de rendimiento en los frutos. Aunque éstos vienen, en cierta forma, garantizados por la potencia vital de la Palabra-semilla, no es menor la responsabilidad que te cabe en la atenta audición de la misma. Por eso, «el que tenga oídos, que oiga» (Mt 13,9).

Hay hombres que han sobresalido por sus grandes discursos. Sin duda, hombres formados y con excelentes capacidades para la oratoria. Sin embargo, el mensaje más importante, el que trajo Jesucristo de parte de Dios, su Padre, no se construyó utilizando un vocabulario y unas estructuras gramaticales prodigiosas, sino con palabras sencillas: tierra, semillas, pájaros, sol...

Jesús utilizó las parábolas para explicar los grandes contenidos de su predicación. De esta manera no excluía a nadie, porque todos podían entenderle. ¿Todos? Bueno, sólo aquellos que tuvieran oídos para escucharle.

¿Quiénes pueden escuchar y entender a Cristo? Principalmente los que no tienen prejuicios, los que tienen un corazón sencillo, los que permiten que el Espíritu Santo les hable en lo más profundo del alma.

Por unos instantes, vamos a situarnos en la escena de este evangelio. Jesús se sentó junto al lago y acudió mucha gente. 

¿Guardamos cada día unos momentos para acudir a ese "lago" para escuchar a Dios? ¿Con qué frecuencia tomamos entre las manos las páginas la Biblia? Es allí, en esa intimidad, en la que Dios nos habla y nos desvela sus secretos. Es en la oración donde hace que las sencillas palabras impacten en nuestro corazón y nos transformen.

Diálogo con Cristo 

Señor, desde la eternidad has sembrado en mi corazón la vocación de ser tu discípulo y misionero. Permite que la semilla de mi fe, recibida en mi bautismo, crezca y dé abundantes frutos para el bien de los demás, principalmente aquellos más cercanos. Ayúdame a vivir con el constante deseo de trabajar por Ti y corresponderte como Tú te mereces.

Propósito

Pidiendo la luz del Espíritu Santo, darme un tiempo para reflexionar y descubrir ese apego que no me deja crecer en mi amor a Dios y a los demás. 

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Santo de hoy - Joaquín y Ana, Santos Abuelos de Jesús - 26/07



Una antigua tradición, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El culto aparece para Santa Ana ya en el siglo VI y para San Joaquín un poco más tarde. La devoción a los abuelos de Jesús es una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios. La antífona de la Misa de hoy dice: "Alabemos a Joaquín y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos". 

La madre de nuestra Señora, la Virgen María, nació en Belén. El culto de sus padres le está muy unido. El nombre Ana significa "gracia, amor, plegaria". La Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es legendario y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Su nombre significa "el hombre a quien Dios levanta", y, según san Epifanio, "preparación del Señor". Descendía de la familia real de David. 

Moraban en Nazaret y, según la tradición, dividían sus rentas anuales, una de cuyas partes dedicaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados.  

Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. En el templo, Joaquín oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios. 

Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo. Recordó a la otra Ana de las Escrituras, cuya historia se refiere en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y así llegó su hijo Samuel, quien más tarde seria un gran profeta. 

Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, María. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. 

Desde los primeros tiempos de la Iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad, donde se levantaron templos bajo su advocación. 

Aunque el culto de la madre de la santísima Virgen María se había difundido en Occidente, especialmente desde el siglo XII, su fiesta comenzó a celebrarse en el siglo siguiente 

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Oficio de Lectura - ¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! - san Juan Damasceno, obispo (+749 dC)



OFICIO DE LECTURA - MIERCOLES DE LA SEMANA XVI - TIEMPO ORDINARIO
Del común de santos varones - Salterio IV. 26 de julio

SANTOS JOAQUÍN Y ANA, padres de la Santísima Virgen María. (MEMORIA)

Una antigua tradición, que arranca del siglo II, atribuye estos nombres a los padres de la Santísima Virgen María. El culto a santa Ana se introdujo ya en la Iglesia oriental en el siglo VI, y pasó a la occidental en el siglo X; el culto a san Joaquín es más reciente. </span></span>


SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Juan Damasceno, obispo

(Disertación 6, Sobre la Natividad de la Virgen María, 2. 4. 5. 6: PG 96, 663. 667. 670)


POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del gran designio» de la salvación universal, «Dios poderoso». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

RESPONSORIO    Cf. Lc 2, 37. 38; cf. 7, 16

R. Servían día y noche al Señor con ayunos y oraciones, * y esperaban la redención de Israel.
V. Pedían a Dios que visitase a su pueblo.
R. Y esperaban la redención de Israel.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, Dios de nuestros padres, que concediste a san Joaquín y a santa Ana el privilegio de tener como hija a María, la madre del Señor, concédenos, por la intercesión de estos dos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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